Archivo del Autor: Javier Núñez

Acerca de Javier Núñez

Javier Núñez (Rosario, 1976) es un escritor argentino. Fue uno de los diez finalistas del Premio Emecé de novela 2011 y ganador del VI Premio Latinoamericano a Primera Novela Sergio Galindo, convocado por la Editorial de la Universidad Veracruzana de México. Es autor de dos libros de cuentos: La risa de los pájaros (Editorial Ciudad Gótica, 2009) y Praga de Noche (El ombú bonsái, 2012). Es colaborador ocasional en la sección contratapa del diario Rosario/12. Algunos de sus cuentos han aparecido en revistas y antologías del país y del exterior.

México lindo

Es difícil poner en palabras tantas emociones como las que me tocó vivir en México al momento de recibir el Premio a Primera Novela Sergio Galindo 2012. Probablemente por eso, durante esos días, opté por contarlo en imágenes subiendo a mi cuenta de Facebook las fotos que sacaba o lograba rescatar de internet. Sí es necesario decir que me trataron de maravillas y que estando tan lejos me sentí como en casa. No tengo más que palabras de agradecimiento para los que estaban allá y para los que se quedaron acá, compartiendo a la distancia esta alegría. Ahora sí, fotos y videos acá también. Continuar leyendo


Gracias

Dice la noticia que el autor de este blog fue el ganador de la sexta edición del Premio Latinoamericano a Primera Novela Sergio Galindo, convocado por la Editorial de la Universidad Veracruzana (UV). Dice, también, que el jurado formado por los escritores Guadalupe Nettel, Pablo Soler Frost y Godofredo Olivares, se reunió para deliberar sobre las 120 novelas que se recibieron de Argentina, Colombia, Chile, Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos, República Dominicana y México, y consideró que La doble ausencia de Javier Ernesto Núñez es una novela ágil, interesante, moderna, bien escrita, con destellos literarios y cuyo argumento se desenvuelve con diversas vueltas de tuerca en su trama. Dice otras cosas más, también.

De lo que no dice nada es de la inmensa alegría que me provoca no sólo la noticia, sino todas las muestras de afecto de familiares, amigos y colegas, que estoy recibiendo en estos días.

Mil veces gracias.


Cebollita

Cuando empecé cuarto grado estaba cagado en las patas. Venía de otra ciudad, de otra escuela, no conocía a nadie. Todo me resultaba diferente, abrumador. La cantidad de chicos que se amontonaban en el patio, las escaleras enormes, la ceremonia de la entrada. Para colmo en esa escuela —no sé si en las demás también, pero no en la que iba yo antes— tenían por costumbre, en ese entonces, recitar el preámbulo de la Constitución Nacional. Cientos de chicos en el patio repitiendo al unísono, «Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente» etcétera. Y yo ahí, mudo, inmóvil, perdido, mirando las caras desconocidas de mis nuevos compañeros. Absurdamente cagado en las patas.

Continuar leyendo


Soltar

“Dejamos la casa de San Lorenzo –una casa grande con patio arbolado, cercada por calles de tierra, un campito para jugar a la pelota, las puertas siempre abiertas–  y fuimos a parar a una casa de pasillo vieja frente al parque Independencia. Tenía dos plantas, techos altos y un teléfono negro antiguo, a disco, al que cada tanto alguien llamaba por error preguntando por el Hospital Italiano. No tenía pasto ni árbol de quinotos –ni higuera, paraíso, quincho, pileta–, ni tantas otras cosas que se habían quedado detrás del cartel de «vende» de la otra, pero al menos era grande y mi vieja podía esconderse a llorar de bronca en los rincones. El pasillo era ancho, con baldosas de dos colores, y estaba separado de la calle por una puerta de rejas verdes lo suficientemente separadas como para que un par de años después mi hermanita pudiera escabullirse una noche y darnos un susto de muerte hasta que la encontramos a la vuelta de la esquina, queriendo irse a la casa de la abuela. “

Un nuevo texto para Estampas, en Venado 24. Pueden leerlo acá.


Conjuro

Se llamaba igual que el personaje de una novela imposible de conseguir. Había rastreado al autor, me dijo una vez, hasta dar con él al otro lado del mar, en una ciudad muy vieja a orillas del Mediterráneo. En las fotos era un viejo de pelo abundante y muy blanco con ojos serenos enmarcados en unos lentes muy grandes. Se había exiliado en los setenta; a mediados de los noventa logró consolidarse como escritor: tenía algunos libros traducidos al portugués y al francés y la fama de una prosa lúcida y brillante. Era más conocido en España que acá. Yo tenía, sin embargo, un libro de él. Esto le causó —nos causó— gracia, o ternura, o una levísima perplejidad. O todas esas cosas.

Continuar leyendo


Silencios

“Esperan la tormenta en silencio. Ella ceba unos mates tibios en los que flotan algunos palitos de yerba; él fuma concentrado en el ejercicio de llevarse el pucho a la boca y arrugar los labios para pegarle una pitada corta pero profunda. De a ratos, mira el horizonte: las copas de dos pinos que se mecen con el viento, la tranquera, el camino de tierra por el que a veces pasa una pickup levantando tierra, el manchón borroso de un campo de soja que parece no terminar nunca”.

Algo que escribí para la sección Estampas de Venado 24, el diario digital de Venado Tuerto. El texto completo acá.


Volver

—Ahí casi se ahoga el Mama —dice, y señala la barranca con barandas al final de un parque demasiado concurrido como para que lo que acaba de decir suene lógico.

Diez años en España no pueden confundirlo tanto: es la ciudad la que mutó, la que modificó para siempre el perfil urbano en aquella zona que tanto conocíamos. Cuando se fue ya había cambiado, o ya había empezado a cambiar. Pero sé que mira las vías de trenes, el Parque Norte, la barranca del río y piensa en aquel paisaje irrecuperable de paredones y vagones y muelles con maderas podridas en donde nos aventurábamos con imprudencia hace veinte, veintitantos años.

Yo miro por la ventanilla del auto. El que conduce es él, por una calle que en aquel entonces no existía. Lo hace despacio, sin apuro, bordeando la hilera de autos que están arrimados al cordón del parque Sunchales.

—Nos tirábamos de los muelles que estaban allá abajo: ahora no existen, o si existen no se ven, y si se ven cómo carajo se nos ocurría una cosa semejante. Una caída como de diez metros. Continuar leyendo


Suena un cuento

Esta noche a las 22 se presenta el ciclo “Suena un cuento”, cuentos rosarinos hechos radio. La cita es en LT8, en el programa “Un tiro al aire” de Marcelo Mogetta. Ahí estarán para presentarlo los impulsores de esta hermosa propuesta: Anahí González, Juli Comba y Juan Camelia. La cosa arranca con “Llantas“, un cuento de quien suscribe. Escuchalo en AM830 o en vivo por internet.


Todos los ciegos se parecen

Ya está online el nuevo número de la Revista eSe, con un cuento escrito para la ocasión. Que lo disfruten.


Cosas de mimbre

Uno de mis cuentos en formato de libro digital. Una linda propuesta de Cosas de mimbre ediciones, en el blog de Pablo Giordano.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 94 seguidores